En la última década ha surgido el debate en torno a los modelos de vivienda actuales. En buena parte debido a la falta de vivienda asequible en nuestro país, como consecuencia de las políticas públicas y de la quiebra de la «burbuja» inmobiliaria. El debate está centrado especialmente en las dificultades de acceso a la vivienda, especialmente para los jóvenes y personas con bajo nivel adquisitivo. Pero en los últimos años, y especialmente a raíz de la pandemia causada por Covid-19, también se están poniendo en cuestión los actuales modelos residenciales para la tercera edad, que es uno de los colectivos más perjudicados de esta crisis.

Las viviendas actuales responden a un modelo que no se ajusta a las necesidades y posibilidades de desarrollo de un enorme número de personas y colectivos. Deja de lado las necesidades personales, familiares o profesionales de colectivos como el de las personas mayores. Son modelos que contradicen la naturaleza social del ser humano, dificultan e incluso imposibilitan la convivencia y la colaboración de las personas en su diversidad. Son asimismo modelos derrochadores tanto en sus procesos de gestión y construcción, como en los aspectos energéticos y de aprovechamiento sostenible de los recursos naturales.

Una de las alternativas de modelo de futuro que está tomando fuerza, son las comunidades colaborativas para envejecer con amigos, conocidas como cohousing sénior. Se presentan como un nuevo modelo de dar una respuesta ajustada a las necesidades de las personas mayores, y proponen vivir de forma comunitaria, pero con viviendas independientes, complementadas por áreas comunes donde los vecinos comparten servicios.

Este movimiento nació en los años 70 en Dinamarca y Holanda, y al principio su idea era la de alojar a parejas jóvenes para que se ayudaran mutuamente con los hijos y las tareas del hogar. A los 80 se empezó a extender a otros países como Suecia, Alemania o Canadá. Recientemente, en países como Europa y Estados Unidos, la idea se ha vuelto especialmente popular pero no entre los jóvenes, como era de esperar, sino entre la gente mayor.

Esta idea pareció mucho más atractiva y divertida a los adultos mayores que las opciones tradicionales como las residencias, además, el cohousing senior es recomendable porque trae beneficios para la salud y para el proceso de envejecimiento:

  • Numerosos estudios han relacionado la soledad con la muerte prematura y con problemas de salud como presión arterial elevada y un peor rendimiento cognitivo, incluyendo la pérdida de memoria.

  • La soledad no deseada es un mal habitual entre las personas de la tercera edad, en Estados Unidos 11 millones de personas mayores de 65 años viven solos.

  • Un estudio realizado en Finlandia asegura que las personas mayores que viven solas tienen el doble de posibilidades de desarrollar demencia. Según los investigadores, tener una red social activa también se relaciona con un menor riesgo de deterioro cognitivo.

  • El cohousing sénior puede ayudar a desarrollar relaciones afectivas, especialmente en casos de personas que no tienen familia o pareja. Además de ser más seguro que vivir solo.

  • Las personas que habitan este tipo de viviendas no tienen que preocuparse de tener un accidente doméstico y no recibir ayuda, ya que los vecinos siempre están pendientes unos de otros.

Sin embargo, estas comunidades tienen algunos inconvenientes, ya que éstas no siempre ofrecen el mismo nivel de cuidados que una residencia convencional. Si bien el aspecto comunitario significa que los residentes pueden obtener ayuda de sus vecinos para necesidades pequeñas, la atención no es la misma que en un lugar especializado de cuidados cuando se producen complicaciones agudas de la salud o procesos graves de dependencia.

El cohousing contempla viviendas privadas, pero con una dotación importante de servicios comunes. Está planeada y gestionada por sus residentes, según el modelo que ellos mismos deciden, lo que les permite definir el proyecto según sus necesidades específicas reales. Este modelo facilita la convivencia y la cooperación entre los residentes, así como la centralización de equipamientos y servicios, lo que acaba aportando beneficios sociales, económicos y medioambientales.

Hay cohousing urbanos y rurales, en edificios nuevos o en rehabilitados. Las casas pueden ser de tipo unifamiliar, adosada o en bloque y los espacios comunes estar agrupados o repartidos. Los residentes pueden definir su propio modelo de convivencia para compartir algunas o muchas de las actividades vitales, desde las más básicas como la gestión de la comunidad, la jardinería o el ocio, hasta la cocina, la limpieza, etc. Los servicios comunes pueden incluir la cocina, el comedor, lavandería, guardería, enfermería, oficinas, talleres, habitaciones de invitados, salas de juegos, gimnasio, ordenadores y multimedia, etc.

Hay diferentes formas de plantear la propiedad. La más común es la cooperativa con cesión de uso, en la que la cooperativa es la propietaria y las personas tienen derecho de uso indefinido. Es un derecho que se puede transmitir por herencia y se puede vender a través de la cooperativa. Esto facilita la posibilidad de cambio de un cohousing a otro en función de las necesidades vitales en cada época de la vida.

Para conseguir un coste moderado de las viviendas, aunque las viviendas privadas cuentan normalmente con equipamiento completo, suelen reducir la superficie habitual para dedicarla a los espacios comunes. El proyecto se plantea como una comunidad vecinal que tiene a su disposición toda la infraestructura y el personal que las necesidades y problemáticas de la edad puedan pedir, sin perder por ello la independencia, la intimidad y la libertad.

Prevalece el concepto de apoyo y solidaridad, frente al de asistencia, aunque ésta está completamente asegurada. La persona queda liberada, si así lo desea, de las tareas domésticas más pesadas (lavandería, plancha, limpieza, cocina del día a día, etc.) centrándose en el desarrollo personal. Todo ello contribuye a la prevención de muchas enfermedades propias de la edad. Está previsto un bloque de servicios de atención en caso de enfermedades que no precisan de hospitalización, y de atención a las situaciones de dependencia.

VIVIENDA COLABORATIVA

Comunidad autogestionada para afrontar conjuntamente los retos del envejecimiento.